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Carlos Morogues |
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Una mano alegre
Es un golpe, lo sé, constante, eterno, amanece inevitable por tu sentimiento. Soy hombre, respiro la niebla, invisible, y acepté tu propuesta de invasión serena.
Me persigue un cuento antiguo, un mito dulce, siento la sombra de un sol fresco, húmedo y ligero.
Aparece como una mano alegre, una risa no vista que sin rencor aparta todo reflejo de respuesta.
A veces cazo del olvido un ritmo nuevo, el destello de tus pasos, un canto ronco como el olor del alba que se entrega al misterio de la luz de tu recuerdo.
Vencido, soy, más que crecimiento, un abismo que con amor lo salva todo.
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Carlos Morogues © 2001